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Se dice que hoy estamos ante un renacimiento de nuestro folclore, viva ello. Nacer precisamente no es surgir por generación espontánea. Se nace porque hay algo atrás, lo primero nuestros padres, nuestros ancestros, historia, cultura, tradiciones, costumbres, religiones, creencias etc.; antecedentes éstos que marcan a un pueblo y lo distinguen de otros. Es la identidad nacional. Conservar y respetar todos esos elementos no significa anquilosamiento si somos lo suficientemente amplios como para aceptar que se vayan agregando nuevas expresiones del espíritu de nuestro pueblo. Todo hará que éste tenga vida, que exista como Nación, lo que le permitirá prolongarse en el tiempo. No debe molestarnos que hoy haya un “new folk” que entusiasme a la juventud; lo que sí debe preocuparnos es que ese sentimiento sea algo pasajero, una moda. La identidad nacional no lo es. Aquélla pasa, ésta permanece y supera los tiempos. En lo que a nuestro folclore se refiere, dejemos que se enriquezca con el aporte de las nuevas generaciones, pero eso sí, que nunca pierda el criollismo, que sea nuestro, argentino.
No se debe avanzar sin conocer lo que ha habido atrás. “El pueblo que
olvida sus tradiciones, pierde la conciencia de su destino”
dijo nuestro ilustre pensador Nicolás Avellaneda. En esa línea
de pensamiento, en las personas de un famoso del folclore como fue Atahualpa
Yupanqui, o en anónimos como Domingo Paulino Viale (87 años) y Ernesto
Suárez (80 años), rendimos un homenaje a todos los que integran e integraron
esa legión de compositores e intérpretes que enriquecieron la cultura
popular argentina.
ADRIAN MONTENEGRO
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